Dormir mal, levantarse con pocas ganas,
hacerse la remolona con el tiempo para intentar alargarlo, estirarlo,
y luego...las prisas [y más prisas, no da tiempo ni a un último café].
Y besos, muchos besos por el camino, en cada parada de metro,
en cada escalón que subimos cogidos de la mano, apretando fuerte.
El calor agobia pero no nos quejamos, porque lo que viene después agobia más.
Aeropuerto.
Y una vez más esa sensación que no tiene palabra que la describa. No es tristeza, no es vacío, pero son las dos cosas a la vez... y mucho más.
Veranos separados.
Aviones de ida con vuelta cerrada.
Todos me preguntan por usted, señor Zweig, en Cartagena
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El sabado 18 de enero de 2025 presentamos el libro *Todos me preguntan por
usted, señor Zweig* en la región de Murcia. Por la mañana estuvimos en
Murcia...