Dormir mal, levantarse con pocas ganas,
hacerse la remolona con el tiempo para intentar alargarlo, estirarlo,
y luego...las prisas [y más prisas, no da tiempo ni a un último café].
Y besos, muchos besos por el camino, en cada parada de metro,
en cada escalón que subimos cogidos de la mano, apretando fuerte.
El calor agobia pero no nos quejamos, porque lo que viene después agobia más.
Aeropuerto.
Y una vez más esa sensación que no tiene palabra que la describa. No es tristeza, no es vacío, pero son las dos cosas a la vez... y mucho más.
Veranos separados.
Aviones de ida con vuelta cerrada.
Llegamos a París... y regresamos
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Lo pasamos muy bien en la presentación del libro el 21 de enero en el
Colegio de España de París en el marco de las Nuits de la Lecture. Las
Nuits ...